La música, como toda
manifestación artística, es un producto cultural. El
fin de este arte es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos,
emociones, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del
individuo; así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones
(entretenimiento, comunicación, ambientación, etc.).
Algunos eruditos han definido y estudiado a la música como un conjunto de tonos ordenados de manera horizontal (melodía) y vertical (armonía). Este orden o estructura que debe tener un grupo de sonidos para ser llamados música está, por ejemplo, presente en las aseveraciones del filósofo Alemán Goethe cuando la comparaba con la arquitectura, definiendo metafóricamente a la arquitectura como "música congelada".
